Era su sino, su peculiaridad, lo quisiera o no, salir así a una lengua de tierra que el mar va devorando lentamente, y quedarse allí, como un ave marina desolada, a solas. Era su poder, su don, desprenderse de repente de todo lo superfluo, encogerse y empequeñecerse de modo que parecía más desnudo y se sentía más magro, incluso físicamente, sin perder sin embargo ni un ápice de su intensidad mental, y plantarse así en su pequeño saliente frente a la oscuridad de la ignorancia humana, a cómo no sabemos nada y el mar devora el suelo en que nos apoyamos; tal era su sino, su don. Pero habiendo deshechado, al desmontar, todo ademán y fruslería, todo trofeo de frutos secos y rosas, y habiéndose encogido de tal modo que no sólo la fama sino incluso su propio nombre le eran ajenos, conservaba aun en aquella desolación una vigilancia que no perdonaba fantasma alguno ni se complacía en ninguna visión, y fue bajo este aspecto como inspiró en William Bankes (a intervalos) y en Charles Tansley (con pleitesía) y ahora en su esposa, cuando levantó los ojos y lo vio de pie en el extremo del césped, una profunda reverencia, y piedad, y gratitud también, tal como una estaca clavada en el lecho de un canal sobre la que se posan las gaviotas y golpean las olas inspira en las alegres barcazas un sentimiento de gratitud por el deber que ha tomado sobre sí de señalar el canal allá afuera en medio de las inundaciones, a solas.
“Pero el padre de ocho hijos no tiene opción... ”
Murmurando a medias, de modo que se interrumpió, se dio la vuelta, suspiró, alzó los ojos, buscó la figura de su mujer que le leía cuentos al niño pequeño; cargó su pipa.
Se volvió de contemplar la ignorancia humana y el destino humano y el mar devorando la tierra en que nos hallamos, lo cual, de haber podido contemplarlo fijamente, lo habría conducido a algo; y halló consuelo en fruterías tan leves en comparación con el augusto tema que hacía un momento tenía ante sí que se inclinaba a pasar por alto ese consuelo, a menospreciarlo, como si ser sorprendido feliz en un mundo de miseria fuera para un hombre honrado el más despreciable de los crímenes.