Entonces la gente podría decir que era tiránica, dominante, mandona, si así lo deseaba; no le importaba. Y, rozándole el cabello con los labios, pensó: él nunca volverá a ser tan feliz, pero se detuvo, recordando cuánto enojaba a su marido que dijese eso. Aun así, era verdad. Eran más felices ahora de lo que volverían a ser jamás. Un juego de té de diez peniques hacía feliz a Cam durante días. Les oía corretear y gritar alegremente en el piso de arriba apenas se despertaban. Venían atolondrados por el pasillo. Entonces la puerta se abría de par en par y entraban, frescos como rosas, con los ojos muy abiertos, totalmente despiertos, como si entrar en el comedor después de desayunar, cosa que hacían todos los días de sus vidas, fuese para ellos un acontecimiento extraordinario; y así todo el santo día, de una cosa a otra, hasta que subía a dar las buenas noches y los encontraba atrapados en sus cunas como pájaros entre cerezas y frambuesas, todavía inventando historias sobre cualquier tontería: algo que habían oído, algo que se habían encontrado en el jardín. Tenían todos sus pequeños tesoros. …
Y así bajó y le dijo a su marido: ¿Por qué tienen que crecer y perderlo todo? Nunca volverán a ser tan felices. Y él se enojó. ¿Por qué adoptar una visión de la vida tan sombrera? —dijo—. No es sensato. Porque era extraño; y ella creía que era verdad; que con todo su pesimismo y su desesperación él era más feliz, en general más optimista, de lo que era ella. Menos expuesta a las preocupaciones humanas —tal vez fuera eso. Siempre tenía su trabajo en el que refugiarse. No es que ella misma fuera «pesimista», como él la acusaba de ser. Solo que pensaba en la vida —y una pequeña franja de tiempo se presentó ante sus ojos, sus cincuenta años. Ahí estaba ante ella —la vida. La vida: pensó, pero no terminó el pensamiento.
Echó una ojeada a la vida, pues tenía de ella un concepto claro, algo real, algo íntimo, que no compartía ni con sus hijos ni con su esposo. Se establecía entre ellas una especie de transacción, en la que ella estaba por