Codal
nydus/To the LighthousePublic
Página 98 de 263
Table of Contents

XIV

Meditabunda, convirtió la poza en el mar, e hizo que los piscardo fueran tiburones y ballenas, y proyectó enormes nubes sobre este diminuto mundo al poner su mano contra el sol, trayendo así la oscuridad y la desolación, como Dios mismo, a millones de criaturas ignorantes e inocentes, y luego retiró la mano de repente y dejó que el sol se derramara en rayos. Sobre la arena pálida y entrecruzada, dando zancadas, con flecos, con guanteletes, acechaba algún leviatán fantástico (seguía agigantando la poza) y se deslizó hacia las vastas fisuras de la ladera de la montaña.

Y luego, dejando que sus ojos se deslizaran imperceptiblemente por encima del charco y descansaran en esa línea vacilante de mar y cielo, en los troncos de los árboles que el humo de los vapores hacía temblar en el horizonte, quedó, con todo ese caudal que barría salvajemente y se retiraba de manera inevitable, hipnotizada, y los dos sentidos de esa inmensidad y de esta miniatura (el charco había disminuido de nuevo) floreciendo en su interior le hicieron sentir que estaba atada de pies y manos y era incapaz de moverse debido a la intensidad de unos sentimientos que reducían su propio cuerpo, su propia vida y la vida de todas las personas del mundo, para siempre, a la nada.

Así, escuchando las olas, acurrucada sobre el charco, cavilaba.

Y Andrew gritó que el mar estaba entrando, así que ella saltó chapoteando por las olas poco profundas hacia la orilla y corrió playa arriba y se vio arrastrada por su propio ímpetu y su deseo de movimiento rápido justo detrás de una roca y allí ¡oh, cielos!, ¡en brazos el uno del otro estaban Paul y Minta! besándose probablemente. Ella estaba indignada, furiosa. Ella y Andrew se pusieron los zapatos y las medias en un silencio sepulcral sin decir una sola palabra al asunto. De hecho, se mostraron bastante cortantes el uno con el otro. Podría haberle avisado cuando vio el cangrejo de río o lo que fuera, se quejó Andrew.

98