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nydus/To the LighthousePublic
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I. La Ventana

habitación, para darles a aquellos pobres hombres, que debían de estar aburridos a más no poder al pasarse el día entero sin nada que hacer más que pulir la lámpara, arreglar la mecha y rastrillar su trocito de jardín, algo con que entretenerse. Pues ¿cómo les gustaría a ustedes estar encerrados durante todo un mes seguidos, y posiblemente más en época de tormentas, sobre una roca del tamaño de una pista de tenis?, solía preguntar; y no recibir cartas ni periódicos, y no ver a nadie; si uno estuviera casado, no ver a su esposa, no saber cómo estaban sus hijos⁠—si enfermaban, si se habían caído y roto una pierna o un brazo—; ver las mismas olas sombrías rompiendo semana tras semana, y luego que se avecinara una terrible tormenta, y las ventanas cubiertas de espuma salada, y los pájaros estrellándose contra la lámpara, y todo el lugar tambaleándose, ¿y no poder asomar las narices fuera por miedo a ser arrastrados al mar? ¿Cómo les gustaría eso?, preguntaba, dirigiéndose en particular a sus hijas. Así que añadía, en un tono algo distinto, hay que llevarles todas las comodidades que uno pueda.

“Da justo al oeste”, dijo el ateo Tansley, separando sus nudosos dedos para que el viento soplara a través de ellos, pues estaba acompañando al señor Ramsay en su paseo de arriba abajo, de arriba abajo por la terraza. Es decir, el viento soplaba desde la peor dirección posible para desembarcar en el Faro. Sí, decía cosas desagradables, admitió la señora Ramsay; era odioso por su parte restregarlo y decepcionar aún más a James; pero, al mismo tiempo, no permitía que se burlaran de él. “El ateo”, le llamaban; “el pequeño ateo”. Rose se burlaba de él; Prue se burlaba de él; Andrew, Jasper, Roger se burlaban de él;

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