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nydus/To the LighthousePublic
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IX

mucho más general; volviendo a caer bajo el influjo de aquella visión que había contemplado con claridad una vez y que ahora debía tantear entre setos y casas, madres y niños: su cuadro.

Era un problema, recordaba, cómo conectar esta masa de la derecha con aquella de la izquierda. Podría hacerlo cruzando la línea de la rama así; o romper el vacío del primer plano con un objeto (James tal vez) así. Pero el peligro era que al hacerlo la unidad del conjunto pudiera romperse.

Se detuvo; no quería aburrirlo; retiró el lienzo con ligereza del caballete.

Pero había sido visto; se lo habían arrebatado. Aquel hombre había compartido con ella algo profundamente íntimo. Y, dándole las gracias al señor Ramsay por ello y a la señora Ramsay por ello y por la hora y el lugar, atribuyendo al mundo un poder que no había sospechado, el de que uno pudiera alejarse por aquella larga galería ya no sola, sino del brazo de alguien —la sensación más extraña del mundo y la más estimulante—, cerró de golpe el pestillo de su caja de pinturas, con más fuerza de la necesaria, y aquel chasquido pareció cercar para siempre en un círculo la caja de pinturas, el césped, al señor Bankes y a esa salvaje villana, Cam, que pasaba corriendo a toda velocidad.

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