CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/To the LighthousePublic
Página 15 de 121
Table of Contents

I. La Ventana

tanto nerviosa) pero no pudiera, sumido como estaba en una somnolencia verde grisácea que los abarcaba a todos, sin necesidad de palabras, en un vasto y benévolo letargo de buenos deseos; toda la casa; todo el mundo; a toda la gente que había en él, pues se había echado en el vaso durante el almuerzo unas gotas de algo, lo cual explicaba, a juicio de los niños, aquella vívida veta amarillo canario en el bigote y la barba que por lo demás eran blancos como la leche. No quería nada,

Él debería haber sido un gran filósofo, dijo la señora Ramsay, mientras bajaban por el camino hacia el pueblo de pescadores, pero había tenido un matrimonio desafortunado. Sosteniendo su sombrilla negra muy erguida, y moviéndose con un aire indescriptible de expectación, como si fuera a encontrarse con alguien a la vuelta de la esquina, contó la historia; un asunto en Oxford con cierta muchacha; un matrimonio precoz; la pobreza; irse a la India; traducir un poco de poesía «muy hermosamente, según creo», estar dispuesto a enseñar a los muchachos persa o indostaní, pero ¿de qué servía realmente eso?— y luego tumbado, tal como lo veían, en el césped.

Le falagaba; desairado como había sido, le reconfortaba que la señora Ramsay le dijera aquello. Charles Tansley revivió. Insinuando también, como lo hacía, la grandeza del intelecto del hombre, incluso en su decadencia, la sumisión de todas las esposas —no es que ella censurara a la muchacha, y el matrimonio había sido bastante feliz, creía ella— a las labores de sus maridos, ella lograba que se sintiera más satisfecho consigo mismo de lo que se había sentido hasta entonces, y le habría gustado, de haber tomado un coche de punto, por ejemplo, haber pagado el billete. En cuanto al bolsito de ella, ¿no podría llevarlo él?

15