Varias veces se organizaron reuniones para llevarse a cabo después de la medianoche; pero apenas comenzaba la reunión, aparecía el superintendente o alguno de los capataces de las minas, y los pobres y tímidos mineros, al ver a sus empleadores y capataces, huían de la concentración como si fuera una peste. Tal vez una veintena de esas reuniones secretas fueron así invadidas y disueltas por el superintendente Black o alguno de sus lugartenientes, para consternación, confusión y desconcierto totales de los organizadores, quienes declararon enfurecidos a los operarios que jamás en sus carreras se habrían topado con semejante desgracia al organizar un campamento minero de carbón.
El agente también estaba muy indignado por su falta de éxito, y dijo a los organizadores que, por el cariz que pintaban las cosas, no creía que Rock Springs pudiera sindicalizarse.
Desde luego, a los veteranos agentes de John Mitchell les parecía que los directivos de la Union Pacific Coal Company hacían buenas migas con el diablo; de lo contrario, no se explicaban cómo sus planes, secretos y bien urdidos, eran neutralizados de forma tan rápida y tajante por la compañía.
Por supuesto, de haber sabido, o siquiera sospechado, la verdadera identidad del «HERMANO THOMAS J. WILLIAMS», el misterio se habría resuelto rápidamente.
Pero ni el presidente Mitchell ni sus agentes sospecharon ni por un momento de la devoción del Operativo Núm. 15 a la causa de sus hermanos oprimidos. Atribuyeron sus continuos reveses al ingenio inexplicable y sobrenatural de la compañía carbonera.
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