que si continuábamos siguiendo de la manera en que lo estábamos haciendo, el Standard tendría que venirse abajo. Luego tomamos el juramento de cuatro miembros, tras lo cual salí del cuarto, me fui a la calle y me quedé por ahí con los hombres hasta eso de las 11.30 A. M., hora en que entré al Club Alamo. Me encontré con Sanger y otros sindicalistas, y todos parecen pensar que los hombres ganarán la huelga.
A eso de las 12.00 salí del club y di una vuelta por los diferentes lugares donde están apostados los piquetes sindicales, y encontré todo muy tranquilo en verdad, y regresé al pueblo como a las 12.45 P. M., hora en que fui a cenar.
A la 1:15 P. M. vi a Sanger. Dijo que tenía una fianza para Charles Lewis y quería que alguien la firmara para así sacarlo de la cárcel, así que luego buscamos por ahí y encontramos a J. Hill y a Swartz, y la firmaron simplemente escribiendo sus nombres