paralizar toda la vía en una hora si no se atendían debidamente las demandas que pudiera plantear; y la perspectiva de semejante cosa era desgarradora para los funcionarios ferroviarios. Contrataron a la Agencia Pinkerton para que hiciera todo lo posible por desbaratar y destruir este peligroso sindicato.
La Agencia, muy dispuesta, tomó cartas en el asunto y destinó a un agente maquinista para que trabajara como mecánico en los talleres del Southern Pacific en Sacramento. Pronto el agente se hizo miembro de la Hermandad Unida de Empleados de Ferrocarril, y de inmediato comenzó a socavar dicho sindicato.
La forma en que el agente procedía en su trabajo era peculiar, pero eficaz. No intentaba restarle importancia al poder de la organización, ni insinuar que los principios básicos de la hermandad recién fundada no fueran buenos y sólidos. Lo que sí hizo fue ensuciar y difamar el carácter del presidente Estes. A algunos de los miembros les dijo en privado que George Estes era un aventurero que había fundado la orden para su propio beneficio personal; que era un ladrón, un bandido, un traidor y Dios sabe qué más.
This talk was repeated and believed, and before long the powerful Sacramento lodge became a shadow of its former self.
The members nearly all resigned, because they believed the slanderous rumors about President E^stes. The decline and fall of the Sacramento lodge brought about the gradual decadence of the order, and within about one year after it had been launched, the United Brotherhood of Railway Em-
The Pinkerton Labor Spy. 189 ployees had ceased to be an important factor in the industrial world.
Una fase curiosa del trabajo de la Agencia en este caso fue que, mientras estaban ocupados combatiendo las distintas órdenes ferroviarias en el