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nydus/The Seven Dials MysteryPublic
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XII. Indagaciones en Chimneys

—Lo siento —dijo ella—. Pero hay otra cosa que quería preguntarte. ¿Qué es sir Oswald Coote?

“Te lo dije: una apisonadora”.

“No me refiero a tu impresión personal de él. ¿Cómo hizo su dinero?, ¿botones de pantalón, camas de latón o qué cosa?”

—Ah, ya veo. Es de acero. Acero y hierro. Tiene la fundición de acero más grande, o como quiera que lo llamen, de Inglaterra. Él ya no dirige el cotarro personalmente, claro. Es una compañía o compañías. A mí me metió de director de no sé qué. Un negocio redondo para mí; no tengo que hacer nada salvo ir al centro una o dos veces al año a uno de esos sitios de hoteles —Cannon Street o Liverpool Street— y sentarse alrededor de una mesa donde ponen un papel secante nuevo monísimo. Luego el tal Coote o algún listo de turno se marca un discurso plagado de cifras, pero por suerte no hace falta escucharlo, y ya te digo yo que a menudo te sacas un almuerzo la mar de bueno.

Desinteresada en los almuerzos de lord Caterham, Bundle se había marchado de nuevo antes de que él terminara de hablar. De camino a Londres, intentó encajar las piezas a su gusto.

Hasta donde ella alcanzaba a ver, el acero y el bienestar infantil no encajaban. Por lo tanto, uno de los dos era mero relleno, presumiblemente el segundo.

La señora Macatta y la condesa húngara quedaban descartadas. Eran camuflaje.

No, el eje de todo aquello parecía ser el poco agraciado Herr Eberhard. No parecía el tipo de hombre al que George Lomax invitaría normalmente. Bill había dicho vagamente que inventaba.

Luego estaban el ministro del Aire y sir Oswald Coote, que era el acero. De algún modo, aquello parecía encajar.

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