a poner en marcha el viejo coche.
Se alegró de tener algo que hacer.
Los modales de Ronny le desconcertaban. ¿Qué sabía o sospechaba? Y por qué no le había comunicado sus sospechas, de tenerlas, al médico.
Pronto los dos amigos surcaban a toda velocidad el coche de Jimmy con un alegre desprecio por cosas tales como los límites de velocidad.
—Jimmy —dijo Ronny al fin—, supongo que eres más o menos el mejor amigo que tengo... ahora.
—Bueno —dijo Jimmy—, ¿qué hay de esto?
Habló con aspereza.
“Hay algo que me gustaría