“Él los oirá hacer tic-tac cuando se vaya a la cama.”
Los conspiradores se miraron.
—¿Qué te dije? —dijo Jimmy con voz reverente—. ¡Pongo siempre ha tenido cerebro!
El cerebrito se fue.
—Es verdad —admitió Ronny Devereux, con una mano en la cintura—. Ocho relojes marchando todos a la vez arman un escándalo de mil demonios. Ni siquiera el viejo Gerry, por muy imbécil que sea, podría pasarlo por alto. Sospechará que pasa algo.
—Me pregunto si lo es —dijo Jimmy Thesiger.
—¿Qué es qué?
“Un imbécil tal como todos pensamos”.
Ronny lo miró fijamente.
—Todos conocemos al viejo Gerald.
—¿De verdad? —dijo Jimmy—. A veces he pensado que... bueno, que no es posible que nadie sea tan imbécil como el viejo Gerry aparenta ser.
Todos lo miraron fijamente. Había una expresión seria en el rostro de Ronny.
—Jimmy —dijo—, tú tienes talento.
—Un segundo Pongo —dijo Bill animosamente.
—Bueno, solo se me ocurrió, eso es todo —dijo Jimmy, defendiéndose.
—¡Oh!, no empecemos todos a ser sutiles —exclamó Socks—. ¿Qué vamos a hacer con estos relojes?