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nydus/The Seven Dials MysteryPublic
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III. El chiste que fracasó

El chiste que fracasó

—Las doce —dijo Socks con desesperación.

El chiste⁠—como chiste⁠—no había resultado demasiado bien. Los despertadores, en cambio, habían cumplido su papel. Habían sonado⁠—con un vigor y un élan que difícilmente podrían haberse superado y que habían hecho saltar a Ronny Devereux de la cama con la confusa idea de que había llegado el día del juicio final. Si tal había sido el efecto en la habitación de al lado, ¿cómo habría sido a corta distancia? Ronny salió corriendo al pasillo y pegó la oreja a la rendija de la puerta.

Él esperaba blasfemias⁠—las esperaba con seguridad y una inteligente anticipación. Pero no oyó absolutamente nada. Es decir, no oyó nada de lo que esperaba. Los relojes seguían tic-tac, tic-tac, de una manera ruidosa, arrogante y exasperante. Y al poco rato sonó otro, con una nota estridente y ensordecedora que habría provocado una aguda irritación en un sordo.

No cabía la menor duda; los relojes habían cumplido su cometido fielmente. Hicieron todo lo que el señor Murgatroyd había asegurado, y aún más. Pero al parecer se habían encontrado con la horma de su zapato

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