—Mucho gusto —dijo ella—. No le haga caso a Elizabeth. Acaba de tener unos cachorros y está muy desconfiada.
Tenía un modo de ser sumamente natural y, al levantar la vista con una sonrisa, el leve rubor de rosa silvestre se intensificó en sus mejillas. Sus ojos eran de un azul muy oscuro, como los acianos.
De pronto se abrieron más —¿fue de alarma? Como si, ya, ella lo adivinara.
Jimmy se apresuró a hablar.
“Este es Ronny Devereux, señorita Wade. Seguro que habrá oído hablar de él a Gerry muy a menudo”.