chimenea y se detuvo con asombro. Los despertadores habían sido alineados pulcramente en fila sobre ella.
Salió bruscamente.
Ronny lo estaba esperando.
—Parece muy apacible y todo eso. Qué mala pata la suya —murmuró Jimmy.
Entonces él dijo:
—Digo, Ronny, ¿quién colocó todos esos relojes así en fila?
—¿Y yo qué sé? Uno de los criados, supongo.
—Lo curioso —dijo Jimmy— es que son siete, no ocho. Uno de ellos falta. ¿Te diste cuenta?
Ronny emitió un sonido inaudible.
“Siete en vez de ocho”, dijo Jimmy, frunciendo el ceño. “Me pregunto por qué”.