un maldito bicho raro en todo aquello.
“Sí. Es una muestra de respeto.”
Jimmy suspiró, pero dio su brazo a torcer.
—¡Ah!, muy bien —dijo, y pasó adentro, apretando un poco los dientes.
Había flores blancas dispuestas sobre la colcha, y la habitación había sido ordenada y puesta en orden.
Jimmy le echó una rápida y nerviosa mirada al rostro blanco e inmóvil. ¿Podría ser aquel el querúbico y sonrosado Gerry Wade? Aquella figura inmóvil y apacible. Se estremeció.
Al volverse para salir de la habitación, su mirada barrió la repisa de la