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XIII

“No digo que sea así; pero haréis bien en considerar si es así o no, y en regular vuestro comportamiento en consecuencia. Creo que vuestros modales hacia él son alentadores. Os hablo como amigo, Emma. Haríais mejor en andar con cuidado, y cercioraros de lo que hacéis y de lo que pretendéis hacer”.

—Se lo agradezco; pero le aseguro que está usted muy equivocado. El señor Elton y yo somos muy buenos amigos, y nada más; y siguió caminando, divirtiéndose al pensar en los equívocos que a menudo surgen de un conocimiento parcial de las circunstancias, en los errores en los que las personas con grandes pretensiones de juicio caen constantemente; y no muy contenta con su hermano por imaginarla ciega e ignorante, y necesitada de consejo. Él no dijo nada más.

Mr. Woodhouse se había hecho tan completamente a la idea de la visita que, a pesar del frío en aumento, parecía no tener la menor intención de eludirla, y finalmente se puso en marcha con toda puntualidad junto con su hija mayor en su propio carruaje, con menos conciencia aparente del tiempo que cualquiera de los otros; demasiado lleno del asombro de su propia partida y del placer que había de proporcionar en Randalls como para notar que hacía frío, y demasiado bien abrigado para sentirlo.

El frío, sin embargo, era intenso; y para cuando el segundo carruaje se puso en marcha, unos cuantos copos de nieve empezaban a caer, y el cielo tenía el aspecto de estar tan cargado que solo le faltaba un aire más templado para producir un mundo muy blanco en muy poco tiempo.

Emma no tardó en ver que su compañero no estaba de muy buen humor. Los preparativos y salir con semejante tiempo, junto con el sacrificio de sus hijos después de cenar, eran males, molestias al menos, que a Mr. John Knightley no le agradaban en absoluto; no esperaba nada de la visita que pudiera valer la pena, y todo el trayecto en coche hasta la vicaría lo pasó expresando su descontento.

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