Los gitanos no esperaron a que actuara la justicia; se marcharon a toda prisa. Las jóvenes de Highbury habrían podido volver a pasear con seguridad antes de que empezara su pánico, y toda la historia quedó reducida pronto en importancia para todos, excepto para Emma y sus sobrinos: en la imaginación de ella conservaba su vigencia, y Henry y John seguían pidiendo todos los días que les contara la historia de Harriet y los gitanos, y corrigiéndola con empeño si se apartaba en lo más mínimo del relato original.
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Capítulo XXXIX
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