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Capítulo XXXIV

vería expuesta a odiosas sospechas y se la creería capaz de un resentimiento mezquino. Tenía que haber una cena. Después de que Emma le habló del asunto durante diez minutos, el señor Woodhouse no mostró reparos, limitándose a poner la condición habitual de no sentarse él mismo a la cabecera de la mesa, con la habitual y constante dificultad de decidir quién lo haría en su lugar.

Las personas que debían ser invitadas exigieron poca reflexión. Aparte de los Elton, tenían que ser los Weston y el señor Knightley; hasta ahí todo era natural, y era casi igual de inevitable que se le pidiera a la pobrecita Harriet que completara el número de ocho; pero esta invitación no se hizo con la misma satisfacción y, por muchos motivos, a Emma le alegró en particular que Harriet le rogara que la dejara rechazarla. «Prefería no estar en su compañía más de lo estrictamente necesario. Todavía no se sentía con fuerzas para verlos a él y a su encantadora y feliz esposa juntos sin sentirse incómoda. Si a la señorita Woodhouse no le parecía mal, prefería quedarse en casa». Era exactamente lo que Emma habría deseado, de haberlo considerado lo bastante probable como para desearlo. Estaba encantada con la fortaleza de su pequeña amiga —pues sabía que renunciar a salir en compañía y quedarse en casa requería fortaleza por su parte— y ahora podía invitar a la persona que de verdad quería para completar los ocho: Jane Fairfax. Desde su última conversación con la señora Weston y el señor Knightley, se sentía más apesadumbrada por su conciencia respecto a Jane Fairfax que de costumbre. Las palabras del señor Knightley seguían resonando en su interior. Él había dicho que Jane Fairfax recibía de la señora Elton atenciones que nadie más le prestaba.

—Esto es muy verdad —dijo ella—, al menos en lo que a mí respecta, que era todo cuanto se quería decir, y es muy vergonzoso. De la misma edad, y habiéndola conocido siempre, debí haber sido más su amiga. Ya no me querrá nunca. La he descuidado demasiado. Pero le mostraré mayor atención de la que le he prestado.

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