prestarle a su pobre amiga; pues en cuanto a esa heroicidad de sentimientos que la habría impulsado a suplicarle que trasladara su afecto de ella misma a Harriet, por ser esta infinitamente la más digna de las dos —o incluso a la más simple sublimidad de decidir rechazarlo de inmediato y para siempre, sin dignarse a dar ningún motivo, puesto que no podía casarse con ambas—, de eso Emma carecía. Sentía lástima por Harriet, con dolor y con compasión; pero ningún arrebato de generosidad enloquecida, que fuera en contra de todo lo probable o razonable, cruzó por su mente. Había descarriado a su amiga, y eso sería un reproche para ella por siempre jamás; pero su juicio era tan firme como sus sentimientos, y tan firme como lo había sido antes, al reprobar cualquier alianza de ese tipo para él, por considerarla sumamente desigual y degradante. Su camino estaba despejado, aunque no del todo llano. Habló entonces, al verse así suplicada. ¿Qué dijo? Justo lo que debía, por supuesto. Una dama siempre lo hace. Dijo lo suficiente como para demostrar que no era necesario desesperar, y para invitarlo a hablar más por sí mismo. Él había desesperado en un momento dado; había recibido tal mandato de prudencia y silencio que por entonces había aplastado toda esperanza; ella había empezado por negarse a escucharlo. El cambio tal vez había sido un tanto repentino; ¡su propuesta de dar otra vuelta, su reanudación de la conversación que acababa de dar por terminada, bien podían resultar un poco extraordinarias! Ella misma sentía esa incoherencia; pero el señor Knightley fue tan amable como para pasar por alto el detalle y no buscar más explicaciones.
Rara vez, muy rara vez, la verdad completa pertenece a cualquier revelación humana; rara vez puede suceder que algo no esté un poco disimulado, o un poco equivocado; pero cuando, como en este caso, aunque la conducta sea errónea, los sentimientos no lo son, tal vez no sea de gran importancia. — Mr. Knightley no podía atribuir a Emma un corazón más clemente del que poseía, ni un corazón más dispuesto a aceptar el suyo.