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XXV

por ti. Solo temo que te quedes despierto esperándome. No me da miedo que no estés sumamente cómodo con la señora Goddard. A ella le encanta el piquet, ya sabes; pero cuando se haya ido a casa, me temo que te quedarás despierto tú solo, en vez de acostarte a tu hora habitual, y la idea de eso destruiría por completo mi tranquilidad. Debes prometerme que no te quedarás despierto.

Lo hizo, a condición de que ella le hiciera algunas promesas: como que, si volvía a casa con frío, se aseguraría de entrar bien en calor; si tenía hambre, de tomar algo de comer; que su propia doncella la esperaría despierta; y que Serle y el mayordomo se asegurarían de que todo estuviera seguro en la casa, como de costumbre.

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