atención era un honor, que ahora tú, con un espíritu irreflexivo y el orgullo del momento, te burles de ella, la humilles... ¡y ante su sobrina también!, y ante otros, muchos de los cuales (ciertamente algunos) se guiarían por completo por el trato que tú le des. Esto no te resulta agradable, Emma, y está muy lejos de serme agradable a mí; pero debo, quiero... te diré verdades mientras pueda, satisfecho con demostrarte que soy tu amigo mediante consejos muy fieles, y confiando en que tarde o temprano me harás mayor justicia de la que puedes hacerme ahora”.
Mientras hablaban, iban avanzando hacia el carruaje; este estaba listo y, antes de que ella pudiera hablar de nuevo, él la había ayudado a subir. Él había malinterpretado los sentimientos que habían mantenido el rostro de ella desviado y su lengua inmóvil. Estos se componían únicamente de ira contra sí misma, humillación y profunda preocupación. No había sido capaz de hablar y, al entrar en el carruaje, se recostó un momento, abrumada; después, reprochándose a sí misma por no haberse despedida, no haber dado las gracias y haberse separado con un aparente resentimiento, se asomó con la voz y la mano ansiosas por demostrar un cambio de actitud, pero ya era demasiado tarde. Él se había alejado y los caballos se habían puesto en marcha. Siguió mirando hacia atrás, pero en vano; y pronto, con lo que parecía una velocidad inusual, se encontraban a mitad de la colina y todo había quedado muy atrás. Estaba disgustada más de lo que se podía expresar, casi más de lo que podía ocultar. Jamás se había sentido tan alterada, humillada y afligida por ningún acontecimiento en su vida. Estaba profundamente impresionada. No se podía negar la verdad de aquella representación. La sentía en el fondo del corazón. ¡Cómo había podido ser tan grosera, tan cruel con la señorita Bates! ¡Cómo había podido exponerse a semejante mala opinión ante alguien a quien valoraba! ¡Y cómo había permitido que él la dejara sin decirle una sola palabra de gratitud, de coincidencia, de amabilidad común!
El tiempo no la calmaba. Cuanto más reflexionaba, más parecía sufrirlo. Nunca había estado tan deprimida.