el golpe, Emma comprendió que ahora no podía mostrarle mayor bondad que escuchándola, y Harriet, sin freno, desgranó con entusiasmo lo que tenía que contar. «Había salido de casa de la señora Goddard hacía media hora; temía que lloviera, temía que se cayera el cielo a cántaros en cualquier momento, pero pensaba que podría llegar a Hartfield antes; se había apresurado todo lo que pudo; pero entonces, al pasar por la casa donde una joven le estaba haciendo un vestido, pensó en entrar un momento para ver cómo iba; y aunque no pareció quedarse ni medio minuto allí, poco después de salir empezó a llover y no supo qué hacer; así que corrió directamente, tan rápido como pudo, y se guareció en casa de Ford». —El de Ford era el principal establecimiento de tejidos de lana, de lino y de mercería reunidos; la tienda más grande y elegante del lugar—. «Y bien, allí se había sentado, sin idea de nada en el mundo, por lo menos diez minutos enteros, cuando de repente, ¡quién iba a entrar! —¡desde luego, qué cosa tan extraña!, pero siempre compraban en casa de Ford—, ¡quién iba a entrar sino Elizabeth Martin y su hermano! —¡Querida señorita Woodhouse!, solo póngase a pensar. Creí que me desmayaba. No sabía qué hacer. Estaba sentada cerca de la puerta; Elizabeth me vio enseguida, pero él no; estaba ocupado con el paraguas. ¡Estoy segura de que ella me vio, pero miró hacia otro lado al instante y no hizo caso!; ¡y los dos se fueron hasta el fondo mismo de la tienda, mientras yo seguía sentada cerca de la puerta! —¡Ay, Dios mío!, ¡lo pasé tan mal! Seguro que estaba blanca como mi vestido. No podía marcharme, ya sabe, por la lluvia; pero deseaba con toda el alma estar en cualquier otro lugar del mundo menos allí. —¡Ay, Dios mío, señorita Woodhouse!, bueno, al final, me parece que él se dio la vuelta y me vio; porque, en vez de seguir con sus compras, se pusieron a cuchichear el uno con el otro. Estoy segura de que hablaban de mí; y no pude evitar pensar que él la estaba convenciendo para que me hablara —(¿cree que era eso, señorita Woodhouse?)—, porque al poco rato ella se adelantó, vino directo hacia mí, me preguntó cómo estaba y pareció dispuesta a darme la mano, si yo quería. No hizo nada de eso del
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