amable de ofrecerse, pero en otra ocasión será completamente innecesario. Puede estar muy segura de que yo siempre me ocuparé de
Miss Bates y Miss Fairfax, escoltadas por los dos caballeros, entraron en la estancia; y la señora Elton pareció considerar que recibir a ambas era tanto obligación suya como de la señora Weston.
Sus gestos y movimientos podían ser comprendidos por cualquiera que las observara como Emma; pero sus palabras, las palabras de todos, pronto se perdieron bajo el incesante torrente de Miss Bates, que entró hablando y no terminó su discurso hasta muchos minutos después de haberse incorporado al círculo junto al fuego.
Al abrirse la puerta se la oyó decir,
—¡Qué amable por su parte!—Nada de lluvia. Nada de importancia. A mí no me importa. Zapatos bien gruesos. Y Jane asegura—¡Vaya!—(apenas