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Capítulo VIII

Mi único escrúpulo al aconsejar el matrimonio era por él, por considerarlo inferior a sus méritos y una mala alianza para su persona. Sentía que, en cuanto a fortuna, con toda probabilidad le iría mucho mejor; y que, en cuanto a una compañera sensata o una ayuda útil, no podría haber encontrado algo peor.

Pero no pude razonar de ese modo ante un hombre enamorado, y quise confiar en que ella no tuviera maldad, en que poseyera esa clase de disposición que, en buenas manos como las de él, pudiera ser guiada fácilmente por el buen camino y resultar muy bien.

La ventaja del matrimonio sentí que era toda de su parte; y no tenía la menor duda (ni la tengo ahora) de que habría un clamor general por su inmensa buena suerte. Hasta de tu satisfacción estaba seguro. Se me pasó por la cabeza inmediatamente que no te arrepentirías de que tu amiga dejara Highbury, con tal de verla tan bien colocada. Recuerdo haberme dicho: «Incluso Emma, con toda su parcialidad hacia Harriet, considerará que es un buen matrimonio».”

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