—Pues, papá, si esto no es un estímulo para casarse, no sé qué será. Y jamás habría esperado que usted le diera su visto bueno a semejantes cebos de vanidad para pobres jóvenes.
“Querida mía, no me comprendes. Es una cuestión de mera educación y buenos modales, y no tiene nada que ver con alentar a nadie a casarse.”
Emma había terminado. Su padre se estaba poniendo nervioso y no lograba comprenderla. Su mente volvió a las ofensas de la señora Elton, y largo, muy largo tiempo le ocuparon.