CAPÍTULO I
CONCEPCIÓN DEL MUNDO Y PARTIDO
ESTABA claro que el nuevo Movimiento no podía esperar alcanzar la importancia y la fuerza requeridas para la gran lucha, a menos que lograra desde el principio sembrar en los corazones de sus adeptos la noble convicción de que no estaba proporcionando a la vida política un nuevo lema electoral, sino que presentaba una nueva concepción del mundo como principio.
Debería reflejarse qué motivos tan miserables se hallan normalmente en el fondo de los «programas del Partido», cuando estos se acicalan de vez en cuando y se remodelan.
Hay un motivo que los impulsa constantemente a introducir otros nuevos o a alterar los ya existentes: la ansiedad por el resultado de las próximas elecciones.
Una vez terminadas las elecciones, el diputado —que es elegido por cinco años— va cada mañana a la Cámara, tal vez no justo al interior, pero de todos modos hasta el vestíbulo donde se colocan las listas de asistencia.
Su fatigante servicio en la causa del pueblo lo lleva a estampar su firma, y a cambio de este esfuerzo agotador, repetido a diario, acepta un pequeño