Asimismo, se ordenaron de inmediato brazaletes del mismo material para los hombres de los cuerpos encargados de mantener el orden: rojos, con una franja blanca y una cruz gamada.
La nueva bandera apareció por primera vez en público a mediados del verano de 1920.
Dos años después, cuando nuestros hombres, que hacía tiempo ascendían a varios miles, constituían ya un considerable destacamento de ataque (Sturmabteilung), pareció necesario dar a la organización de combate de la nueva cosmovisión un símbolo especial de la victoria: un Estandarte.
Por aquel entonces no había en Múnich ningún Partido, a excepción de los partidos marxistas, y muy especialmente ningún partido nacionalista, que pudiera organizar manifestaciones de masas como las nuestras. El Münchener Kindl-Keller, con capacidad para 5.000 personas, se llenó de bote en bote en más de una ocasión, y solo había un recinto en el que no nos habíamos atrevido a entrar, a saber, el Circus Krone.
A finales de enero de 1921, hubo de nuevo muchos motivos de preocupación en Alemania. El Acuerdo de París, mediante el cual Alemania se comprometía a pagar la absurda suma de 100 mil millones de marcos de oro, iba a ser ratificado en forma de ultimátum de Londres.
Día tras día pasaba y ninguno de los grandes Partidos se había hecho eco del espantoso suceso, y la organización obrera no se decidía a fijar una fecha definitiva para la manifestación que se estaba planeando.
El martes 1 de febrero exigí una decisión definitiva. Se me dio largas hasta el miércoles. Ese día exigí que se me dijera claramente si la reunión iba a tener lugar y cuándo. La respuesta seguía siendo incierta y vacilante; consistía en que se tenía la intención de invitar a los trabajadores a una manifestación el mismo día de la semana siguiente.