Por aquel entonces este cuerpo era en un principio meramente una guardia para las reuniones. Sus primeras tareas se limitaban a hacer posible la celebración de mítines que, de otro modo, habrían sido interrumpidos de golpe por nuestros oponentes. Estos hombres eran entrenados meramente para el ataque, no porque, como se afirmaba en necios círculos nacionalistas alemanes, su ideal fuera la cachiporra de goma, sino porque comprendían que no había ninguna oportunidad para los ideales si el defensor de estos era apaleado con una; de hecho, no pocas veces ha ocurrido en la historia que los más grandes líderes han tenido un mal fin a manos de algún diminuto ilota. No consideraban la violencia como un fin, sino que deseaban proteger a quienes proclamaban el gran fin ideal para que no fueran dominados por la violencia. Comprendían asimismo que no era su deber emprender la protección de un Estado que no estaba protegiendo a la nación, sino que estaban allí para proteger a la nación contra aquellos que amenazaban con destruir nación y Estado.
El Destacamento de Asalto, como se les llamaba, no es más que una sección del Movimiento, al igual que la propaganda, la prensa, el instituto científico, etc., son simplemente secciones del Partido.
La idea fundamental en la formación del Destacamento de Asalto era el propósito de convertirlo, además de en un organismo de elevado entrenamiento físico, en un defensor absolutamente convencido de la idea nacionalsocialista y de perfeccionar su disciplina.
No debía tener nada en común con ninguna organización de defensa, en el sentido burgués, ni tampoco con ninguna organización secreta.
Mi razón para velar estrictamente en aquel entonces por evitar que las Secciones de Asalto del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán fueran formadas como la denominada asociación de defensa fue la siguiente: