El Estado nacional no tolera que hombres cuya educación y ocupación no les hayan otorgado conocimientos especiales sean invitados a aconsejar o juzgar sobre asuntos de naturaleza especializada, como la economía.
Por lo tanto, el Estado subdividirá su cuerpo representativo en comisiones políticas, incluida una comisión que represente a las profesiones y oficios.
Con el fin de obtener una cooperación ventajosa entre ambos, habrá por encima de ellos un Senado permanente y selecto.
Pero ni el Senado ni la Cámara tendrán poder para tomar decisiones; están designados para trabajar y no para tomar decisiones.
Los miembros individuales pueden aconsejar, pero nunca decidir. Esa es la prerrogativa exclusiva del presidente en turno responsable.
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MI LUCHA
En lo que respecta a la posibilidad de llevar nuestro conocimiento a la práctica, puedo recordar a mis lectores que el principio parlamentario de la decisión por mayorías no siempre ha gobernado al género humano; por el contrario, solo aparece durante períodos de la historia bastante breves, y estos son siempre períodos de decadencia en las naciones y los Estados.
En cualquier caso, que nadie se imagine que unas medidas puramente teóricas desde arriba van a producir semejante cambio, ya que lógicamente no puede detenerse en la constitución de un Estado, sino que toda la legislación, y en verdad toda la vida del ciudadano, tendrán que impregnarse de él.