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Capítulo III: Consideraciones políticas derivadas de mi estancia en Viena

en la cúspide de su eficacia ante los ojos de sus contemporáneos, o bien eran abrumadas con tales abusos que sus nombres parecían destinados a convertirse pronto en símbolos de infamia. Era necesario estudiar este vergonzoso método judío de verter simultáneamente, y desde cientos y cientos de direcciones, como por medio de un conjuro, inmundicia en forma de calumnia y difamación sobre el atuendo imputo de los hombres honrados, para poder valorar en su justa medida la total amenaza de estos canallas en la prensa.

Comprenderemos con mayor rapidez y facilidad esa insensata y peligrosa aberración humana si comparamos el sistema parlamentario democrático con la verdadera democracia germánica.

Lo más notable de la primera es que se elige a un número, digamos quinientos, de hombres, a los que se convoca para decidir sobre toda clase de asuntos.

En la práctica, por lo tanto, ellos y solo ellos son el Gobierno, pues si de entre ellos se selecciona un Gabinete que, en lo que atañe al país, se compromete a controlar los asuntos del Estado, en realidad lo hace bajo un pretexto.

El llamado Gobierno no puede, de hecho, tomar ninguna medida sin obtener primero el consentimiento de la asamblea general. Sin embargo, no se le puede hacer responsable de nada, ya que la decisión final nunca está en sus manos, sino en las de la mayoría parlamentaria. Existe meramente para ejecutar la voluntad de la mayoría en todos los casos.

No es el propósito de nuestra democracia actual formar una asamblea de hombres sabios, sino más bien reunir a una multitud de nulidades sumisas, que puedan ser guiadas fácilmente en ciertas direcciones definidas, especialmente si la inteligencia de cada uno de ellos es limitada. Solo así puede jugarse el juego de la política de partidos en su malsano sentido actual. Pero esto también hace posible que los verdaderos

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