Por poco que convenga a los intereses de la política oficial británica que Alemania sea aún más humillada, semejante evolución interesa en gran medida a los judíos de las finanzas internacionales.
En contraposición a los intereses del bienestar del Estado británico, la judería financiera desea no solo el abatimiento económico perpetuo de Alemania, sino también su completa esclavización política.
Por consiguiente, el judío es el gran agitador en pro de la destrucción de Alemania.
La corriente de pensamiento en la judería es clara. Consiste en bolchevizar Alemania, es decir, carcomer la inteligencia nacional alemana y así aplastar las fuerzas del trabajo alemán bajo el yugo de la finanzas mundial judía, como paso previo para extender a lo ancho y a lo largo el plan judío de conquistar el mundo.
En Inglaterra, al igual que en Italia, la divergencia de opiniones entre la política de Estado sólida y las exigencias del mundo financiero judío es evidente; a menudo, de hecho, se manifiesta de forma tosca.
Solo en Francia existió una íntima concordancia entre las intenciones de la Bolsa, representadas por los judíos, y los deseos de los hombres de Estado de esa nación, chauvinistas por naturaleza. Esta identidad constituye un peligro inmenso para Alemania.
Naturalmente, no es fácil para nosotros, los del movimiento nacionalsocialista, imaginar a Gran Bretaña como una posible aliada en el futuro. Nuestra prensa judía logró una y otra vez concentrar el odio contra Gran Bretaña, y más de un tonto camachuelo alemán cayó demasiado dispuesto en la liga preparada por los judíos, parloteó sobre la «reforzación» de la marina, protestó por la pérdida de nuestras colonias y sugirió que debíamos recuperarlas; de este modo, proporcionaron el material para que el bribón judío se lo entregara a sus parientes en Inglaterra para usarlo como propaganda.