Por otra parte, debe considerarse un reproche privar a la nación de niños sanos. El Estado debe poner los más modernos auxilios médicos al servicio de estos hechos aceptados. Debe declarar no apto para engendrar hijos a cualquiera que esté claramente enfermo o tenga discapacidades hereditarias, y respaldarlo con hechos. Debe velar también por que la fecundidad de una mujer sana no sea bloqueada por las finanzas malditas de un régimen que convierte la bendición de los hijos en una maldición para los padres.
Mediante la educación del individuo, el Estado debe enseñar que no es vergonzoso, sino una desgracia lamentable, estar enfermo y débil, pero que es criminal, y por tanto vergonzoso, deshonrar la desgracia por egoísmo si un hombre carga a un ser inocente con su propia desgracia; mientras que es prueba de una gran nobleza de sentimientos y de una humanidad digna de admiración que un hombre enfermizo pero inocente renuncie a tener un hijo propio y transfiera su amor y ternura a algún pobre infante extraño, cuya naturaleza sana promete convertirse en un miembro fuerte de una comunidad fuerte.
Mediante esta labor de educación, el Estado debe coronar sus actividades prácticas en su aspecto intelectual. Su acción debe proseguir, sin dejarse afectar por la consideración de si la obra es comprendida o incomprensida, popular o impopular.
Hay que hacer posible que la conciencia nacional en el Estado matrimonial dé a luz una época más gloriosa, en la que los hombres ya no presten toda su atención a mejorar las razas de caballos, perros i6o MI LUCHA