¿Cuántos comprenden los numerosos recordatorios de la grandeza de la Patria, de su nación, en todos los ámbitos de la vida cultural y artística, que se combinan para darles un legítimo orgullo de pertenecer a una nación tan sumamente favorecida? ¿Cuántos de ellos son conscientes de hasta qué punto el orgullo por la Patria depende del conocimiento de su grandeza en todos estos ámbitos?
Entonces aprendí a comprender rápida y completamente algo de lo que nunca antes había tenido conciencia:
La cuestión de «nacionalizar» a un pueblo es, ante todo, una cuestión de crear condiciones sociales sanas como cimiento para la posibilidad de educar al individuo.
Pues solo cuando un hombre ha aprendido mediante la educación y la enseñanza a conocer la grandeza cultural, económica y, sobre todo, política de su propia patria, podrá y querrá adquirir ese orgullo interior de que se le permita ser miembro de una nación semejante.
Solo puedo luchar por lo que amo, amar solo lo que respeto, y respetar solo aquello que, al menos en cierta medida, conozco.
Ahora que mi interés por las cuestiones sociales había despertado, comencé a estudiarlas a fondo. Un mundo nuevo y desconocido se reveló ante mí.
En los años 1909-10 había mejorado tanto mi situación que ya no tenía que ganar el pan de cada día como peón. Trabajaba de forma independiente como dibujante y acuarelista.
La psique de las masas populares no es receptiva a nada que huela a medidas a medias y debilidad.
Como una mujer cuya sensibilidad se halla influida menos por el razonamiento abstracto que por un anhelo indefinible regido por el