un auténtico «representante» de la India o de Egipto. Nunca se tomaron la molestia de investigar, ni se dieron cuenta de que se trataba de personas sin respaldo y sin autoridad por parte de nadie para concluir ningún tipo de acuerdo; por lo que el resultado de tratar con tales personajes fue sencillamente nulo y una absoluta pérdida de tiempo.
Recuerdo muy bien las infantiles e incomprensibles esperanzas que surgieron de repente en 1920-21 en los círculos nacionalistas. Se suponía que Inglaterra estaba al borde del colapso en la India.
Unos cuantos saltimbanquis de Asia (bien podían ser genuinos luchadores por la libertad en la India, tanto me da), que correteaban por Europa, se habían apañado para inspirar a personas de lo más sensato con la idea fija de que el Imperio mundial británico, con su eje en la India, estaba a punto de venirse abajo allí.
Que el deseo era padre del pensamiento jamás se les pasó por la cabeza.