por sí solo, la enseñanza de la historia no ha perseguido en realidad más que un solo objetivo, el de la mera adquisición de conocimientos. El Estado, tal como es ahora, no tiene uso para el entusiasmo nacional; lo que le gustaría nunca lo conseguirá. Hay muy pocas probabilidades de un poder de resistencia permanente en el patriotismo dinástico en una época regida por el principio de nacionalidad, y menos aún de entusiasmo por una república. Pues no puede caber la menor duda de que el pueblo alemán jamás habría resistido en el frente durante cuatro años y medio si su lema hubiera sido «Por la República».
Esta República es popular en el resto del mundo.
Un hombre débil siempre cae mejor a quienes se sirven de él que un hombre de modales bruscos. En efecto, la simpatía del enemigo hacia esta forma de Estado constituye su crítica más destructiva. Les gusta la República alemana y permiten que siga adelante, ya que jamás podría hallarse un aliado mejor en la labor de esclavizar a nuestra nación.