con admirable prontitud sacrificar su propio Movimiento, obviamente menos exitoso, es decir, clausurarlo y afiliarlo incondicionalmente al más fuerte.
Este fue el caso especialmente del líder del Partido Socialista Alemán en Núremberg, Julius Streicher. Ambos partidos se fundaron con fines similares, pero por lo demás eran bastante independientes el uno del otro. Sin embargo, tan pronto como Streicher estuvo con¬ vencido de manera clara e indiscutible de la superior fuerza y del mayor crecimiento del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán, dejó de trabajar para el Partido Socialista Alemán y pidió a sus seguidores que se alinearan con el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán, el cual había salido victorioso de la contienda, y que se unieran a él para continuar luchando por la causa común. Una decisión muy elo¬ giable, pero difícil para él como hombre.
Jamás debe olvidarse que ningún logro verdaderamente grandioso se ha llevado a cabo jamás en este mundo mediante Coaliciones; sino que siempre se han debido al triunfo de un solo individuo. Los éxitos logrados por Coalición, debido a la naturaleza de su origen, contienen las semillas de una futura desintegración desde su mismo inicio, hasta el punto, en verdad, de malograr lo que ya se había alcanzado. Los grandes cambios de pensamiento que verdaderamente revolucionan el mundo son inconcebibles e irrealizables excepto bajo la forma de luchas titánicas llevadas a cabo por fuerzas solitarias —nunca de empresas conducidas por Coaliciones.
El Estado nacional, por tanto, nunca será creado por la volición inestable de una unión nacionalista de trabajadores, sino únicamente por la fuerza de voluntad adamantina de un solo Movimiento, después de que ese Movimiento haya triunfado, tras haber derrotado a todos los demás.