Se niegan a permitir la inmigración de elementos malos desde el punto de vista sanitario y prohíben absolutamente la naturalización de ciertas razas definidas, dando así un modesto comienzo hacia una perspectiva que no dista mucho de la concepción del Estado nacional.
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El Estado nacional divide a sus habitantes en tres clases: ciudadanos del Estado, súbditos del Estado y extranjeros.
En principio, el nacimiento solo otorga la condición de súbdito. Esto no lleva consigo el derecho de servir aún como funcionario del Estado ni de tomar parte activa en la política, en el sentido de votar en las elecciones.
En el caso de todo «súbdito del Estado», la raza y la nacionalidad tienen que ser probadas. El «súbdito» es libre en cualquier momento de dejar de serlo y convertirse en ciudadano del país correspondiente a su nacionalidad. El «extranjero» solo se diferencia del «súbdito» en que es súbdito de un Estado extranjero.
El joven «sujeto» de nacionalidad alemana está obligado a recibir la educación escolar establecida para todo alemán.
Más adelante debe consentir en someterse a los ejercicios corporales prescritos por el Estado y, finalmente, ingresa en el Ejército. La instrucción militar es universal.
Una vez terminado su servicio militar, el joven sano con expediente impecable será investido solemnemente con los derechos de la ciudadanía del Estado. Este es el documento más importante para toda su vida terrenal.
Mayor honor ha de considerarse el ser ciudadano de este Reich, aun cuando no se sea más que un barrendero, que el ser rey en un Estado extranjero.