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Capítulo XII: La cuestión de los sindicatos

Dije, además, que la necesidad de los Sindicatos debía darse por sentada mientras entre los empleadores hubiera hombres que no sintieran en sí mismos ninguna obligación social, ni siquiera respecto a los derechos más elementales de la humanidad.

En el estado actual de las cosas, estoy convencido de que 23B MI LUCHA de ninguna manera se puede prescindir de los Sindicatos. De hecho, se cuentan entre las instituciones más importantes de la vida económica de la nación.

El movimiento nacionalsocialista, que aspira al Estado nacionalsocialista para el Pueblo, no puede albergar ninguna duda de que toda futura institución de ese Estado debe estar arraigada en el propio Movimiento.

Es el mayor de los errores imaginar que la posesión del poder por sí sola permitirá llevar a cabo una reorganización definitiva, partiendo de la nada, sin la ayuda de un cuadro de hombres que hayan sido formados de antemano en el espíritu de la empresa.

Aquí también se cumple el principio de que el espíritu es siempre más importante que la forma, la cual puede crearse con gran rapidez.

De este modo, nadie podía proponer sacar de repente de su cartera el borrador de una nueva Constitución y pretender «introducirla» mediante un edicto desde arriba.

Se podría intentar, pero el resultado no sobreviviría; casi con toda seguridad sería un hijo mortinato.

Me viene a la memoria el origen de la Constitución de Weimar y el intento de encasquetarle a la nación alemana una nueva Constitución y una nueva bandera, ninguna de las cuales guardaba relación alguna con nada conocido por nuestra nación durante el último medio siglo.

El Estado nacionalsocialista debe evitar todos esos experimentos; debe surgir de una organización que ya lleve mucho tiempo funcionando. De

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