Es infantil suponer que en Inglaterra no se aprecia la importancia del Imperio Indio para la unión mundial británica.
Y es una triste prueba de la negativa a aprender la lección de la Guerra Mundial y a comprender la determinación del carácter anglosajón cuando se imagina que Inglaterra dejaría marchar a la India. Demuestra también la completa ignorancia que impera en Alemania en cuanto a los métodos con los que los británicos administran ese Imperio.
Inglaterra nunca perderá la India a menos que ceda a la confusión racial en su maquinaria administrativa o a menos que sea forzada a ello por la espada de un enemigo poderoso. Las sublevaciones hindúes nunca tendrán éxito. Los alemanes sabemos bien por experiencia cuán difícil es doblegar la mano de Inglaterra.
Aparte de todo esto, yo, hablando como alemán, preferiría con mucho ver a la India bajo la dominación británica que bajo la de cualquier otra nación.
Las esperanzas de un levantamiento mítico en Egipto contra la influencia británica carecían igualmente de fundamento.
Ya era bastante malo en tiempos de paz. Las alianzas con Austria y Turquía no eran para alegrarse. En un momento en que los mayores Estados militares e industriales del mundo se unían en una activa alianza ofensiva, reunimos a un par de Estados débiles y anticuados e intentamos, con la ayuda de un montón de trastos destinados al fracaso, hacer frente a una activa coalición mundial. Alemania pagó caro este error de política exterior.
Como nacionalista, que juzga a la humanidad según el principio de la raza, no puedo admitir que sea correcto encadenar la fortuna de la propia nación a las llamadas «nacionalidades oprimidas», ya que sé cuán carentes de valor son desde el punto de vista racial.