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Capítulo VII. La lucha con las fraguas rojas

verdaderamente a concentrar la atención general directamente en nosotros.

Una de las razones por las que nunca llegó a disolver nuestras reuniones fue indudablemente la extraordinaria cobardía demostrada por los líderes de nuestros oponentes. En todos los momentos críticos, estas despreciables criaturas esperaban fuera de las salas el resultado de la explosión.

En aquel período nos veíamos obligados a tomar la protección de nuestras reuniones en nuestras propias manos; nunca se puede contar con la protección de las autoridades oficiales; por el contrario, la experiencia demuestra que estas siempre favorecen al elemento perturbador. Pues el único éxito real de la intervención oficial consistía, a lo sumo, en disolver una reunión, es decir, en suspenderla por completo; este era, de hecho, el fin y el propósito de nuestros oponentes al venir a perturbarla.

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