Karl Marx era en realidad simplemente uno entre millones que reconoció con la mirada segura de un profeta, en el cieno de un mundo en corrupción, el veneno esencial, y lo extrajo como por artes mágicas, en una solución concentrada para traer una destrucción más rápida a la existencia independiente de las naciones libres en esta tierra. Y todo para servir a su propia raza.
De este modo, la doctrina marxista es el compendio intelectual de las cosmovisiones generalmente vigentes hoy en día.
En esta parte del mundo, la cultura y la civilización humanas están inextricablemente ligadas a la presencia del elemento ario. Si este se extinguiera o pereciera, el negro velo de un período carente de cultura descendería una vez más sobre el globo.
Para cualquiera que contemple el mundo con ojos naciona¬ listas5, cualquier brecha en la existencia de la civilización huma¬ na, efectuada por la destrucción de la raza que la mantie¬ ne, se presentaría bajo la luz del más maldito de los crímenes.
Quien se atreva a poner su mano sobre la imagen más noble de Dios está pecando contra el bondadoso Creador de esa maravilla y está prestando ayuda en su expulsión del Paraíso.
Todos somos conscientes de que en un futuro lejano la humanidad tendrá que enfrentarse a problemas para hacer frente a los cuales habrá que convocar a alguna raza altísima como líder del mundo, apoyada por las fuerzas de todo el globo.