Muchos, por el contrario, llegaron al extremo de proclamar su convicción de que el Estado debía su existencia pura y simplemente a estos acontecimientos, de que era ante todo una institución económica y debía ser conducido según las reglas de la economía, de modo que dependiera en realidad del comercio para su propia existencia, condición que se consideraba la más sana y natural de todas las condiciones.
El Estado, sin embargo, no tiene nada que ver con ninguna concepción económica definida ni con ningún desarrollo económico.
No es una asamblea de negociadores comerciales durante un período con límites definidos con el propósito de llevar a cabo objetivos económicos, sino la organización de una comunidad, homogénea en su naturaleza y sentimiento, para el mejor fomento y mantenimiento de su tipo, y el cumplimiento del destino que le ha señalado la Providencia.
Esto y nada más es el objeto y el significado de un Estado.
El Estado judío nunca tuvo fronteras, por lo que al espacio se refiere; era ilimitado en cuanto al 7° MI LUCHA espacio, pero estaba limitado por su concepción de sí mismo como raza.
Aquel pueblo fue, por tanto, un Estado dentro del Estado. Fue uno de los trucos más ingeniosos jamás inventados cuando a ese Estado se le adjudicó la etiqueta de «religión» y se le aseguró así la tolerancia que el ario siempre está dispuesto a conceder a los credos religiosos.
Pues la religión mosaica no es en realidad más que una doctrina para la preservación de la raza judía. De ahí que abarque casi todas las ramas del conocimiento sociológico, político y económico que pudieran entrar en consideración en relación con ella.
Siempre que se producía un avance del poder político en Alemania, los negocios también empezaban a prosperar; mientras que, siempre que los