Por todas las razones prácticas, la defensa de una nación no puede llevarse a cabo mediante asociaciones de defensa privadas, a menos que estén respaldadas por todas las fuerzas del Estado.
Es totalmente impensable formar organizaciones con algún valor militar para un fin determinado con la llamada «disciplina voluntaria».
Falta el apoyo principal para lograr que se cumplan las órdenes, a saber, el poder de infligir castigos.
En la primavera de 1919 fue posible formar «cuerpos de voluntarios», simplemente porque la mayoría de los hombres habían luchado en el frente y habían pasado por la escuela del viejo ejército. Ese espíritu está totalmente ausente en las «organizaciones de defensa» de hoy.
Suponiendo que, a pesar de todas las dificultades, alguna asociación lograse convertir a un número determinado de alemanes en hombres de sentimientos verdaderos y competentes en el entrenamiento físico y militar, el resultado tendría que ser necesariamente nulo en un Estado cuya tendencia no es la de desear crear semejante fuerza —que, de hecho, detesta la idea, ya que está totalmente en desacuerdo con los íntimos propósitos de los dirigentes—, los corruptores del Estado.
Esto ocurre hoy en día. ¿No es ridículo que un gobierno esté dispuesto a entrenar a unos diez mil hombres de forma clandestina, cuando pocos años antes el Estado, tras haber sacrificado vergonzosamente a ocho millones y medio de soldados altamente entrenados, no solo no tuvo más uso para ellos, sino que, como muestra de gratitud por sus sacrificios, los expuso a la execración universal?
2 I 6 MI LUCHA ¿Se espera acaso que los soldados sean adiestrados para un régimen que denigró y escupió a sus soldados más gloriosos, arrancó sus medallas y