mero sentimiento, o el deseo de la humanidad, es tan incapaz de convertir en realidades los ideales mundiales y las exigencias que de ellos surgen, como lo es de conquistar la libertad merced a un anhelo universal por ella. No, no es sino hasta que el impulso ideal hacia la independencia adopta una organización de combate en forma de fuerza militar cuando los deseos de una nación pueden convertirse en una noble realización.
Cualquier ideal mundial, por mil veces que sea correcto y altamente provechoso para la humanidad, carecerá aún de fuerza para la vida de una nación, hasta que sus principios se conviertan en la base de un Movimiento de lucha capaz de sostenerse como Partido hasta que la acción sea coronada por el triunfo, y hasta que sus dogmas de Partido se conviertan en una nueva ley básica del Estado para toda la comunidad.
La actitud ordinaria actual ante la política se basa, en general, en la noción de que la fuerza creadora y civilizadora debe ser un atributo del Estado, que este no participa en los asuntos que afectan a la raza, sino que es