En el caso de la educación femenina, el principal énfasis debe ponerse en el entrenamiento corporal; y después de eso, en el desarrollo del carácter; y, por último de todo, en el del intelecto. Pero el único objetivo absoluto de la educación femenina debe ser con vistas a la futura madre.
¿Cuántas veces no se oyó durante la guerra la queja de que nuestra gente era tan poco capaz de guardar silencio y de cuán difícil resultaba, por lo tanto, ocultar al enemigo incluso los secretos importantes!
Pero considérelo usted mismo: ¿se preocupó acaso la educación alemana antes de la guerra por presentar el silencio como una virtud varonil? No, pues nuestro sistema escolar vigente considera eso como un asunto insignificante.
Pero ese asunto insignificante le cuesta al Estado millones incalculables en gastos judiciales, ya que el noventa por ciento de los juicios por difamación y similares surgen simplemente de la incapacidad para guardar silencio.
Las declaraciones imprudentes se devuelven con igual imprudencia; nuestro comercio nacional sufre constantemente perjuicios debido a la divulgación descuidada de secretos industriales, y cualquier preparación silenciosa para la defensa del país se vuelve ilusoria porque la gente nunca ha aprendido a callar y no deja de hablar nunca.
En la guerra, esta pasión por la charlatanería puede hacer perder batallas y ser una causa fundamental de que una guerra termine mal. Debe comprenderse que lo que no se practica en la juventud no puede aprenderse cuando el hombre ya es adulto.
El desarrollo deliberado de las cualidades más nobles en nuestras escuelas es hoy inexistente. De ahora en adelante debe ser considerado bajo una luz completamente distinta. La honradez, la disposición para el sacrificio personal, el silencio, son virtudes que una gran nación necesita, y la