Aquel que entró en este conflicto por un puro amor a la libertad y por un sentimiento de derechos violados, que decidió hacer todo sacrificio y afrontar todo peligro para el restablecimiento de esos derechos sobre una base firme, que no pretendía gastar su sangre y su hacienda con el mísero propósito de cambiar a este amo por aquel, sino depositar los poderes de gobierno en una pluralidad de manos de su propia elección, de modo que la voluntad corrupta de un solo hombre no pudiera en el futuro oprimirle, debe quedar confundido y consternado cuando se le dice que una parte considerable de esa pluralidad había meditado la entrega de estos en una sola mano y, en lugar de una monarquía limitada, entregarle a una despótica. ¡Cómo deben resultar sus esfuerzos y sacrificios vilipendiados y frustrados, si aún por una sola voz puede ser postrado a los pies de un solo hombre!
En el nombre de Dios, ¿de dónde han derivado este poder? ¿Es de nuestras antiguas leyes? Ninguna tal puede presentarse. ¿Es de algún principio de nuestra nueva constitución, expreso o implícito?
Todo rasgo impreso o implícito está en total oposición a él. Su principio fundamental es que el Estado debe ser gobernado como una mancomunidad. Proporciona una organización republicana, proscribe bajo el nombre de prerrogativa el ejercicio de todos los poderes no definidos por las leyes; coloca sobre esta base todo el sistema de nuestras leyes;
i 243 ] y consolidándolos, dispone que deban mantenerse o caer juntos, sin prever jamás circunstancia alguna, ni admitir que pudiera surgir tal caso, en el que alguno de ellos debiera ser suspendido, no, ni por un