nuestras capacidades. Cada raza de animales parece haber recibido de su Creador ciertas leyes de extensión en el momento de su formación. Sus órganos elaboradores fueron formados para producir esto, mientras que se opusieron obstáculos adecuados a su mayor progreso. Por debajo de estos límites no pueden > * Buffon, xviii. 122 edit.
caer, ni medrar por encima de ellas. Qué estación interme-- dia habrán de tomar puede depender del suelo, del clima, de la comida, de una cuidadosa elección de reproductores. Pero todo el maná del cielo jamás elevaría al ratón al volumen del mamut.
La opinión avanzada por el conde de Buffon*, es: I. Que los animales comunes tanto al viejo como al nuevo mundo, son más pequeños en este último. 2. Que aquellos peculiares del nuevo son a una escala más pequeña. 3. Que aquellos que han sido domesticados en ambos, han degenerado en América: y 4. Que en conjunto presenta menos especies. Y la razón, según él piensa, es que los calores de América son menores; que hay más aguas esparcidas sobre su superficie por la naturaleza, y menos de estas drenadas por la mano del hombre. En otras palabras, que el calor es favorable, y la humedad adversa para la producción y el desarrollo de los cuadrúpedos grandes. No rebatiré esta hipótesis en su primer terreno dudoso, a saber, ¿si el clima de América es comparativamente * Buffon, xviii. 100— 156. N [ 9° ] más húmedo? Porque no estamos provistos de observaciones suficientes para decidir esta cuestión. Y aunque, hasta que sea decidida, somos tan libres de negar como otros de afirmar el hecho, sin embargo, por un momento supongámoslo. La hipótesis, tras esta suposición, pasa a otra: que la humedad es desfavorable para el crecimiento animal.
La verdad de esto nos es inescrutable mediante razonamientos a priori. La naturaleza nos ha ocultado su modus agendi. Nuestro único recurso en tales cuestiones es la experiencia;