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nydus/Notes on the State of VirginiaPublic
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Cuestión XVIII.

J. ¿Y las particulares costumbres y usanzas que por ventura se reciban en dicho estado?

Es difícil determinar según el están- dar por el cual las costumbres de una nación pueden ser juzgadas, ya sea cató- lico o particular. Es más difícil para un nativo llevar a ese estándar las costumbres de su propia nación, familiarizadas con él por el hábito.

Debe de haber sin duda una in- fluencia desgraciada en las costumbres de nuestro pueblo producida por la existencia de la esclavitud entre nosotros. Todo el comercio entre amo y esclavo es un ejercicio perpetuo de las pasiones más bulliciosas, el despotismo más in- remiso por una parte, y las sumisiones degradantes por la otra. Nuestros hijos ven esto, y aprenden a imitarlo;

porque el hombre es un animal imitativo. Esta cualidad es el germen de toda educación en él. Desde la cuna hasta la tumba está aprendiendo a hacer lo que ve hacer a los demás.

Si un padre no hallara motivo, ni en su filantropía ni en su amor propio, para refrenar la intemperancia de su ira hacia su esclavo, debería bastarle siempre con que su hijo está presente. Pero por lo general no basta. El padre truena, el hijo observa, capta los rasgos de la ira, adopta los mismos aires en el círculo de los esclavos más pequeños, da rienda suelta a la peor de las pasiones y, así criado, educado y ejercitado a diario en la tiranía, es imposible que no quede marcado por ella con odiosas peculiaridades. Un hombre ha de ser un prodigio para poder conservar sus modales y su moral sin corromper por tales circunstancias. Y con cuántas maldiciones debería ser cargado el estadista que, al permitir que una mitad de los ciudadanos pise así los derechos de la otra, transforma a aquellos en

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