más de una docena de años antes de que fueran publicadas. Cuando lord Dunmore regresó de la expedición contra los indios, en 1774, él y sus oficiales trajeron el discurso de Logan y relató las circunstancias relacionadas con este. Estas eran tan conmovedoras, y el discurso en sí una pieza de elocuencia tan fina, que se convirtió en el tema de toda conversación, en Williamsburgo en particular y, en general, de hecho, dondequiera que residieran o frecuentaran algunos de los oficiales. Lo aprendí en Williamsburgo; creo que en casa de lord Dunmore; y encuentro en mi libreta de apuntes de ese año (1774) una anotación de la narración, tomada de la boca de alguna persona cuyo nombre, sin embargo, no está anotado ni es recordado, exactamente en las palabras consignadas en las Notes on Virginia. El discurso fue publicado en la Virginia Gazette de aquella época (lo tengo yo mismo en el volumen de gacetas de ese año) y, aunque en un estilo que no era en absoluto elegante, fue tan admirado que voló a través de todos los periódicos públicos del continente, y a través de las revistas y otras publicaciones periódicas de Gran Bretaña; y aquellos que eran muchachos en ese día atestiguarán ahora que el discurso de Logan solía dárseles como ejercicio escolar para su repetición. No fue sino hasta unos trece o catorce años después de las publicaciones en los periódicos cuando las Notes on Virginia fueron publicadas en América. Al combatir en ellas la teoría injuriosa de ciertos escritores europeos, cuya celebridad otorgaba vigencia y peso a sus opiniones, de que nuestro país, por los efectos combinados del suelo y el clima, degeneraba la naturaleza animal en general, y particularmente las facultades morales del hombre, consideré el discurso de Logan como una prueba adecuada de lo contrario, y lo utilicé como tal; y copié, al pie de la letra, la narración que había tomado por escrito en 1774, y el discurso tal como nos lo había dado en una mejor traducción lord Dunmore. Yo no sabía nada de los Crefap y difícilmente pude haber tenido el motivo de causarles un perjuicio con premeditación. Repetí lo que miles habían hecho antes, basándome en una autoridad tan buena como la que tenemos para la mayoría de
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Estimado señor:
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